sábado, 22 de noviembre de 2008

Globos (canción sin rima para una tarde sin suerte)

Hombre araña,
vendiendo globos
de hombre araña
y Sara Key

Vestido de rojo
a cara cubierta
con su disfraz y arrojo
en la plaza de Armenia

Hombre araña
luchando con el viento
para armar los globos
héroe solitario de sábado por la tarde

Hombre araña
cómo ibas a saber
que justo en ese momento
iban a llegar
las promotoras de Fiat quinientos
llenas de globos
llenas de globos blancos para regalar

Hombre araña
nadie vio la cara detrás de la máscara
de una tarde sin suerte

miércoles, 9 de julio de 2008

Futurologia Peronista 4 - 2045

Y para el 17 de Octubre de 2045 lograron finalmente lo impensado. La imagen del General Perón podía verse en el cielo, del tamaño del horizonte, radiante y en blanco y negro. Por los parlantes estratégicamente ubicados en postes de luz era audible desde cualquier rincón de la ciudad su discurso. Su cara se veía nítida, y sólo no la veían quienes bajaban la cabeza hasta mirar solamente las baldozas en las veredas. El sol había asistido a la cita puntualmente, y apenas había unas nubes rosadas que daban a la imagen un tono más humano. El centesimo aniversario del cuarenta y cinco honraba a las circunstancias. Y la imagen quedaría allí todos los días hasta la eternidad.



Fernandez contemplaba orgulloso el espectáculo, su propia creación; ahora su permanencia en la conducción de la CGT estaba asegurada. Y con ello cientos de hectáreas de campo que se le habían prometido como recompensa. No era nada fácil adquirir los campos, controlados por un sistema central, Abstrakta, que determinaba tanto los destinatarios como lo que debía sembrarse cada año, precios, y condiciones de exportación. Ahora Fernandez iba a pertenecer a esa elite, y le brillaban los ojos imaginando enormes campos sembrados con soja observados por la imagen del General en el cielo. Recordó a su abuelo y se emocionó, corrían tiempos de mucha sensibilidad. La distribución de la riqueza había llegado, y le había llegado a él, hijo de empleado público y nieto de empleado público.



Ahora quedaba una misión más para cumplir. Lograr la imagen del General Perón en el cielo era solo la primera de una serie de acciones secretas que tenían recompensas cada vez mayores, dictadas por el Poder Central Permanente Juan Domingo Perón y emitidas desde volantes que caían desde un zepellin que surcaba los cielos. El uso de aviones había quedado muy relegado desde que el aeropuerto de Ezeiza había sido cerrado y transformado en un Museo de la Memoria. El Zepellin asimismo era más impactante y cada vez que abría una pequeña ventana de la cual caían papeles, cientos de militantes esperaban ansiosos su oportunidad de pertenecer a la nueva burguesía peronista.



El último panfleto cayó esa misma tarde y era muy preciso. La agrupación rebelde Aluvión Zoológico debía ser eliminada totalmente. Fernandez conocía por sus influencias algunos movimientos de esa agrupación, que funcionaba desde algún lugar de los suburbios de la ciudad de Rosario y transmitia sus ideas a través de una internet secreta, aún no descifrada por las autoridades y fuera de la Intered Justicialista oficial. Como Fernandez, para cientos de militantes, en su mayoría empleados públicos o subsidiados, comenzaba una nueva quimera. Fernandez levantó la vista y sin poder controlar el llanto, comenzó a cantar la marcha peronista a todo volumen, cobijado por la gran pera argentina plena de vigencia y autenticidad. Más presente que nunca antes.

jueves, 5 de junio de 2008

Estadística curiosa de la bonaerense

El 45% de los hombres de ciudadanía boliviana alcoholizados provocan disturbios en la calle. Esta estadística apareció en la pantalla del programa Policías en acción el día 4 de junio 2008.

* * *

lunes, 2 de junio de 2008

Desmemorias de Veitía - Primera parte

Veitía se dejó caer. Como una bolsa de residuos negra llena de cáscaras de manzana y fideos pegados, rebotó contra el piso de la manera mas tosca e insulsa. La caída no era desde una altura considerable, solo un metro desde un muro donde detrás había un césped elevado y con pendiente. Veitía venía rodando por el pasto y no opuso resistencia al llegar al borde. No previó que podía golpear su cabeza contra la baldoza de la vereda, pero eso fue lo que sucedió. El golpe fue seco y si bien no hizo mucho ruido, lo sintió fuerte en la nuca. Vió cinco estrellas sobrevolando sobre su frente, estrellas de cinco puntas. Y luego de un instante, se dió cuenta de que no recordaba nada de lo sucedido los últimos días.

El tiempo estaba apacible; cielo despejado, temperatura agradable. Unas pocas nubes bien blancas viajaban lentamente hacia el sur. Cuando Veitía se reincorporó, eso lo tranquilizó un poco por unos segundos. Pero pronto una sensación de ansiedad lo comenzó a invadir al advertir que no se acordaba nada de lo que había pasado los últimos siete días. Su último recuerdo era estar caminando con un ramo de flores a la casa de Depoulli el primer miércoles de junio. En su teléfono móvil consultó la fecha. Eran justo siete días.

Depoulli era esbelta y tenía los hombros un poco torcidos, es decir desparejos. Siempre que se ponía nerviosa su cuerpo tomaba otra forma, algo torpe y desincronizado. Pero sus labios rojos en contraste con la piel blanca, y el pelo rojizo tapando un poco los ojos que miraban muy por detrás seducían a Veitía a cada instante. Desde que la había conocido había quedado tonto por ella. Y no sabía disimularlo. Veitía no sabía de disimulos.

Y sin rumbo ni propósito alguno, mientras se tocaba la cabeza, Veitía empezó a caminar por la calle al borde de la acera a paso lento. Siete días faltaban. Ciento sesenta y ocho horas de su vida se habían perdido en alguna parte. Pero lo peor era la sospecha de que el tiempo no era lo único que le estaba faltando en ese momento.

lunes, 14 de abril de 2008

Venía rápido

Y como una ameba me traslade hasta el charco de sangre paulatina, sangre paulatina que fluia de un caño rigido negro rodeado de cables negros y amarillos y mi sangre lentamente salia de mis fosas nasales y llenaba espacios de pavimento mientras una mosca se posaba en un hueso que era una isla en medio del charco y roia el hueso con sus patitas bien finas a mucha velocidad hasta que de repente cesó su movimiento y pocas veces había visto una mosca morir, en ese instante me senti mas vivo, trate de ponerme de pie y logre incorporarme y vi el cielo rosa del atardecer como fondo de mucho campo verde y lo que creo que era soja y caían gotas desde mis pestañas hasta la raya amarilla del pavimento que creía confundir con cables a tierra; perdí el conocimiento otra vez.



No sé si abrí los ojos y era mucha lagaña mezclada con arena o estaban cerrados pero algo me hizo ver como un brillo alargado y una sirena y recordé que venía cantando ´iba muy rápido muy rápido y se le soltó un patín a él que era rey de esta jungla se le soltó un patín. Y se me soltó algo o me distraje o se cruzó una vaca pero las vacas son buenas y dignas de esquivar y tal vez ahí di tumbos y quedé en el pavimento.



Y no había cables pero veía cables. Y no había hilos verticales que subían como hilos dentales hacia el cielo pero los veía claramente. Y no había cuerdas de guitarra en silencio pero estaban ahí.



Sobreviví.

sábado, 12 de abril de 2008

a Gilda (la casa del hombre del sonido)

Detrás del río en Lanús
pasando puentes con agujeros
curtiembres cerradas sin luz
y calles de sed sin viajeros

Brillan anteojos
en Villa Diamante
Se oye una voz
profunda y errante

Que encierra el misterio:
una mujer hecha de notas
de música, cuerdas finas
de venas y costillas rotas

Mezcla de mujer y sonido
avanza torciendo su boca
apenas audible, un silbido
entre mesas gentes y copas

Y yo distraído y atento
acerco mi oído tapado
Le escucho, decido muy lento
el juego fatal y vedado

de entrar con una mentira
de jugar a estar enrredado
de tener su piel en la mia
y sentir como enamorado

Porque la Navidad dura un dia
Y el fin de año otro tanto
de magia a ausencia fue Gilda
y su alma a seguir navegando

Pero un loco diamante no pasa
de brillar a quedar en olvido
porque vive en mi vaso, en su casa
la casa del hombre del sonido.

sábado, 5 de abril de 2008

Denuncia

Segun Fuentes Fidedignas los canales de TV compras contratan a enfermos terminales para sus publicidades. Estuvimos en la casa de la señorita Fuentes, miembra de una prestigiosa familia del norte de España, y escuchamos su relato con atención:
- Pues sí, les sale más barato. Y a ellos no les queda otra que aceptar, piensan en sus familias, pero es muy poco lo que pagan. Claro que en otra cosa no pueden currar esos tíos.
Este hecho angustiante plantea un debate en el ambiente de la publicidad, ya que esta gente acepta trabajos por muy poca paga, bajando los precios del mercado. La asociación de extras ha manifestado su preocupación. Pero por otro lado se da la opción de aparecer en pantalla a personas a las cuales les quedan horas de vida, en algunos casos minutos según algunas denuncias, como el famoso caso del comercial de un sistema para hablar inglés rápidamente, donde el hombre recita el texto a los televidentes con los últimos atisbos de energia, gesticulando con su boca para modular bien, y con su mirada fija en detrás de cámara, leyendo las líneas.
- Ese hombre murió al salir del estudio, tenía una afección pulmonar -nos cuenta la señorita Fuentes. Yo lo conocí, un hombre de unos sesenta años, joder, venir a terminar así. Ni siquiera pudo retirar su paga.
Este y otros testimonios igualmente duros ponen un alerta sobre el estado de la publicidad en el mundo hoy día.

sábado, 22 de marzo de 2008

Futurología peronista 3 (2010 Odisea del primer trabajador)

Y como un Perón dorado luminoso de estatuilla estilo Oscar apareció el premio tan preciado para la comunidad trabajadora encerrado en una cajita de cristal giratoria y puesto en un mastil en el centro de la Plaza de Mayo. La estatuilla relucía al reflejo del sol en un día netamente peronista. La plaza se iba llenando. La idea de recuperar la cultura del trabajo parecía estar dando frutos, y numerosos asalariados estaban en la plaza esperando recibir el galardón al primer trabajador. Todos soñaban con tener la estatuilla dorada en su mesa de luz. Incluso los sindicalistas y los camioneros, que habían viajado cientos de kilómetros congestionando todas las rutas radialmente hacia Buenos Aires. Los piqueteros habían dejado su labor para asistir también. La izquierda tenía su columna bien nutrida, y tomaba el premio como una reparación histórica del peronismo hacia ellos; realmente lo ansiaba y exigía. Hasta algunas personas se habían acercado en forma espontánea, cosa que hacía décadas no sucedía. Los rumores sobre infiltrados no se hicieron esperar y sobre la calle Bolivar un grupo llamaba la atención por sus anteojos estilo setentas y bigotes muy de la Federal. De todas formas quizás lo mas notable eran las columnas del agro, que se hacían notar por sus camisas Legacy. El panorama era diverso y el peligro latente.



El premio lo entregaría Cristina, elegantemente vestida para la ocasión. Desde el palco comenzó su discurso, mirando hacia un lado y hacia el otro, soñando que Sarkozy estaría mirandola por TV desde París. Siempre le había gustado Sarkozy y cada aparición mediática no perdía oportunidad de hacerselo saber. Era tan intrépido, tan audaz. Intentó de todas formas concentrarse en lo que decía, sobre lo que ella había denominado el pacto del bicentenario. Mientras tanto la plaza se iba colmando y el clima se enrarecía un poco. Al parecer el detonante fue cuando dijo algo sobre esos imberbes, no se sabe a ciencia cierta de qué hablaba, había ruido y la multitud apenas si podía escuchar. Pero se escuchó claramente la palabra imberbes, de eso no habían dudas. Primero fue el sector de montoneros que se puso un poco nervioso, mientras otras columnas les repetían de forma burlona "estúpidos imberbes, estúpidos imberbes", en especial la del agro y los que tenían bigotitos estilo policía federal. La reacción no se hizo esperar y la primera trompada devino en una verdadera batalla campal. Cuestión de minutos y mientras Cristina seguía hablando con su tono docente sobre la importancia de trabajar el caos era total desde la pirámide hasta el Cabildo. Y en medio de todo eso fue la gente de la agrupación Saúl Ubaldini quienes aprovecharon la situación y se hicieron de la estatuilla dorada de Perón arrebatándola de la Cajita en el mástil. Autoproclamándose ganadores, retiraron su columna por la Avenida de Mayo cantando la marcha peronista a todo pulmón.



Las imágenes recorrieron el mundo. Cristina se aseguró de que habían llegado también a París. Nunca se supo la cifra de muertos y heridos, si bien llevó tres días retirar los cuerpos aplastados e inertes. Un poco de depuración no está mal, pensó Cristina. En definitiva, eran estúpidos e imberbes. Agarró el teléfono y solicitó a su colaborador que organice una visita urgente a Francia. El pacto del bicentenario debía ser firmado en un país mas elegante.

martes, 5 de febrero de 2008

Algo lindo (esperando el ascensor)

El escenario es el cuarto, el mismo cuarto donde murió el tío León hace ya varios años, quizás diez. Con el ropero prehistórico e inamovible, la ventana con las persianas bajas para que no entren murciélagos, el cuadro misterioso en blanco y negro de un santo judío -no logré mayores explicaciones para ese retrato de un hombre igual al Ayatola Komeini y mirada enigmática y ortodoxa.



Y en la cama, la tía Bella, pequeña vista desde esa perspectiva, de celeste con su elegante camisón, perfumada para recibir visitas. Con el pelo gris y blanco como queriendo salirse del cuero cabelludo para siempre todo junto. Los ojos fijos en un punto irreal, en algún lugar del pasado, tratando de captar atención, o de divisar alguna figura difusa del mundo actual y ya no tan cercano. De pronto un atisbo de ternura, un contacto con mis manos, una sonrisa de dientes frágiles, rotos y postizos. Ella seguía tendida en la cama, con las piernas inmóviles y levemente flexionadas hacia el costado, su mano agarrada de la mía. Cada tanto la expresión le cambiaba, de estar inmersa en recuerdos de principio del siglo pasado a estar en el presente ahí y conmigo. Y un rayo de luz tenue aparecía en sus pupilas.



Y me contó su idea sobre los ascensores, sobre cómo generar un colchón en la base para contener al que pudiera caerse por el hueco accidentalmente, cómo se implementaría con goma pluma, cómo se salvarían vidas. La emoción de estar diciendome eso brotaba y los ojos se volvían saltones y expresivos. Era su aporte a la futura Construcciones Benzecry del Ing. I. Benzecry, yo. Incluso los ascensores podrían tener las iniciales I.B. me decía. No estoy mal de la cabeza, aclaró, sólo que tengo noventa y seis años... y me pidió encarecidamente que tenga en cuenta su idea. Le dije naturalmente que sí era una idea útil, que se salvarían vidas, que mi opinión de ingeniero era positiva al respecto.



Cada tanto venía la tía Lea y gritaba un poco, iba de un lado a otro de la habitación, ponía cara de estar muy apesadumbrada, le volvía a gritar a la tía Bella y se volvía al otro cuarto donde permanecía. Yo mientras tanto pensaba en el ascensor. En que quizás era realmente una buena idea crear un sistema de defensa para prevenir alguna caída involuntaria de una persona mayor. Si bien los ascensores de hoy en día no implican el mismo riesgo de abrir la puerta y que no esté, ya que son automáticos, las modas cambian y los ascensores antiguos de rejas y que se ve todo al exterior podrían volver de acá a unos años en algún diseño retro, por qué no. Después de todo era una idea lúcida y muy noble y en ese contexto confieso que me tocó alguna fibra de esas que andan simulando ser sentimientos.